| Fabulista ESOPO |
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| Esopo
es el fabulista griego por excelencia, a día de hoy se siguen incluyendo sus pequeños
cuentos en los libros infantiles, enfatizando en la moraleja de cada uno de ellos de una
manera clara y sencilla. Se desconoce el año de su nacimiento, así que se le engloba en el s.VI a.c., su lugar de nacimiento también establece ciertas dudas pero la más aceptada es la que nació en Frigia. Fue un esclavo manumitido, es decir fue esclavo del filósofo Janto hasta que le dio la libertad, según parece quedó prendado de la cultura y oratoria de Esopo. Esopo, ya como hombre libre, fue admirado por la aristocracia de la época, y según parece el regente Creso le dio la oportunidad de trabajar para él siendo enviado al oráculo de Delfos, como encargado de dar dinero a los sacerdotes para tener el beneplácito del dios Apolo. No obstante, y según fuentes que no son del todo seguras, Esopo quedó desencantado de los sacerdotes a los que veía como usurpadores de riquezas, por lo que aunque si bien ofreció las sacrificios al Dios, no les entregó dinero a los sacerdotes. Éstos indignados decidieron tenderle una trampa, poniéndole en el equipaje una copa de oro consagrada a Apolo, por lo que fue acusado de robo y lanzado desde una roca Hiampa, dándole muerte. Según la tradición, Esopo antes de morir, anunció la venida del fin de Delfos debido a su condena injusta, algo que efectivamente sucedió, afianzando así la figura del propio Esopo. Las fábulas de Esopo, son breves historias con moraleja, sus personajes son animales que actúan como los humanos, y donde la envidia, la desconfianza y el mal se describen de una manera cercana. Se creen que eran de tradición oral pero no fue hasta Esopo hasta que no quedaron plasmadas, principalmente por posteriores versiones de otros autores entre ellos el fabulista latino Fedro. A modo de ejemplo pondremos una muestra de una de las fábulas de Esopo: "Sorprendió un león a una liebre que dormía
tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó
entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó
la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huída. Moraleja: si no quieres perder ambas cosas, confórmate con una que ya tienes segura. |