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Los romanos se levantaban sólo
despuntar el día, las muchas tareas a las que debían
hacer frente les obligaban a empezar la jornada bien temprano.
Al levantarse los hombres lavaban sus manos y su cara con agua,
solicitando después la asistencia del llamado TONSOR,
el tonsor era el encargado de afeitar la barba y cortar
el cabello, las clases aristocráticas disponían
de uno o varios de ellos de forma personal, conocida es la afición
de Julio César de llevar un perfecto rasurado en todo
su cuerpo, pero aquellos ciudadanos que no contaban con esas
posibilidades, se acercaban a la taberna más cercana,
ya que en ellas se encontraban las tonstrinae, es decir las barberías
públicas, incluso en el caso de que un esclavo pobre no
tuviera posibilidad de que el barbero de su amo le afeitara disponía
de la alternativa de pasearse por las calles de la ciudad y contratar
los servicios de uno, ya que algunos de ellos estaban repartidos
por las mismas ofreciendo sus servicios de forma individual.
Las Barberías o tonstrinaes disponían de unos bancos
de madera donde la clientela acostumbraba a esperarse, mientras
el barbero y sus ayudantes llamados CIRCITORES, se apremiaban
en cortar la barba y el cabello según los gustos de la
época, esta moda la marcaba el emperador, así pues
algunos de ellos optaron por la barba como el emperador Trajano
o incluso por los rizos como el emperador Adriano, para moldear
con rizos artificiales el peluquero hacía uso del CALAMISTRUM,
que eran unas tenazas calentadas previamente y posteriormente
manejadas con sumo cuidado por el tonsor. Algunas de estas modas
fueron motivos de burla por los contemporáneos ya que parecía
ciertamente grotesco que ciertas personas con prominente calvicie
dejara que los peluqueros les marcaran con rizos el poco cabello
que les quedaba. También en la época se llegaron
a utilizar tintes y perfumes así como diferentes herramientas
cosméticas o de belleza como los llamados SPLENIA LUNATA,
es decir, lunares postizos que servían para disimular
imperfecciones del rostro del cliente. Era todo un espectáculo
matinal pero fue tal la importancia del aspecto romano que se
celebraban de forma regular, unas ceremonias llamadas DEPOSITIO
BARBAE. Éstas igual que la toga viril, representaba el
paso de la pubertad a la madurez, por ello el adolescente se
ponía por primera vez en manos del tonsor, quién
le afeitaba sus primeros pelos de la barba, éstos eran
guardados en recipientes de cristal o cajas de oro, que eran
guardados con sumo celo o en su defecto entregadas a modo de
sacrificio a los dioses.
Lo cierto es que hubieron muchos tipos y clases de tonsor, algunos
de ellos, los más afamados disponían de gran destreza,
ya que los romanos no se aplicaban ningún tipo de loción
para el afeitado, únicamente usaban agua para lubricar
y sus navajas de hierro afiladas con una piedra procedente de
Hispania, así pues, aquellos que no disponían de
una gran reputación ofrecían sus servicios en la
vía pública con los consiguientes problemas que
esto acarreaba, ya que las bulliciosas y concurridas calles romanas
se abrían paso a codazos, así que no era de extrañar
que algún cliente acabara con profundos cortes.
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Aseo
Femenino, maquillaje y vestimenta de la matrona |
La mujer romana se iba a dormir totalmente vestida: sujetador
o corsé, túnica y a veces cuando el frío
apremiaba incluso el manto. Cuando se levantaba se colocaba primeramente
sus sandalias, y tal y como hemos explicado anteriormente hacía
su aseo básico, lavándose las manos y la cara,
ya que el baño como tal estaba reservado para cuando finalizaba
la jornada, bien en un baño público o bien en el
propio cuando por su alta condición lo tenía en
la DOMUS. La mujer romana disponía de palanganas, diferentes
recipientes, espejos decorados y ornamentados y un sinfín
de cosméticos, así mismo tenían diferentes
cajas donde guardaban sus broches y sus joyas. Estas piezas no
acostumbraban a ponerse a primera hora de la mañana, por
falta de tiempo.
Lo primero que se arreglaba una
mujer romana era su cabello, si los hombres romanos seguían
las tendencias de belleza de los emperadores de la época,
las mujeres por la misma razón seguían las de las
emperatrices o aquellas matronas de la aristocracia, así
en algunas ocasiones como en la república las mujeres
únicamente llevaban el pelo con la raya en el centro y
un moño simple, mientras que en la época imperial
se impuso la moda de grandes moños trenzados, o postizos
sobrepuestos, por lo que si el hombre romano disponía
de un tonsor para ayudarle, las mujeres no fueron menos utilizando
a las llamados ornatrices, éstas no sólo debían
ser muy hábiles como peluqueras sino que además
debían encargarse de la depilación y el maquillaje,
de ahí que algunas padecieran las iras de las grandes
matronas por un rizo mal colocado.
Después del tiempo empleado en el arreglo del pelo, la
mujer romano procedía a maquillarse, así que sacaba
con mucho cuidado su caja de cosméticos de su armario
nupcial y cerraba la puerta para que nadie la viera, era de mala
educación que un hombre viera como se embellecía
su mujer, se colocaba color blanco para la frente y los brazos,
el rojo para los pómulos y los labios, y el negro para
las pestañas, cejas y el contorno de los ojos. Cuando
el maquillaje había finalizado, la matrona procedía
a colocarse todas sus joyas, primero la diadema del pelo, seguido
de los pendientes, el collar, los brazaletes, sortijas y aros
en los tobillos y en los brazos. Finalmente, procedían
a vestirse.
Lo primero que se colocaba la
mujer romana era una túnica larga llamada STOLA, algunas
de ellas adornadas con bordados que mostraban su condición
o estatus, acompañado por un cinturón llamado ZONA.
Posteriormente cubría la túnica con un chal que
cubría desde los hombros hasta los pies llamado SUPPARUM
ó PALLA (manto cuadrado con pliegues), el tipo de tejido
dependía mucho de los gustos pero prefiriendo a la lana,
la mujer optaba por el algodón o en el caso de que tuviera
posibilidades la seda de llamativos colores llegada de Oriente
y decorada con ornamentaciones. Sobre la cabeza podía
colocarse un velo o incluso una redecilla bastante antiestética
anudada con una diadema. En el cuello llevaba un pañuelo
anudado, y en el brazo una MAPPA, que sería una especie
de pañuelo para secarse el sudor, en una de las manos
un abanico de plumas llamado FLABELLUM, y en la otra si no tenía
a nadie que la llevara por ella una sombrilla para protegerse
del sol llamada UMBELLA, contrariamente a lo que muchos pensaron,
la mujer romana llevaba bordados con dibujos en sus túnicas,
así pues la imágen de la mujer con vestimenta lisa
de colores es en cualquier caso otra de las muchas posibilidades
en tejidos. |