| Circo y Espectáculos de gladiadores: el Ocio en la antigua Roma |
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A pesar de que el origen
arcaico de estos espectáculos era de tipo religioso lo cierto es que
posteriormente derivó a lo que conocemos en la actualidad. Todo ello conformaba el ocio romano, una necesidad que evadía a la plebe de los verdaderos problemas sociales y que servía al emperador como arma propagandística y de control de las insurrecciones populares. Un romano, fuera el más pobre como el más rico disponía de un lugar en las gradas del circo y por un momento esas diferencias económicas o sociales quedaban relegadas a un segundo lugar, porque frente a un espectáculo de esa magnitud todos formaban un único bloque. No había romano ilustre que
no hubiera celebrado un espectáculo a coste propio de mayor envergadura que
el anterior, porque de eso se trataba... los juegos significaban poder y la
estimación temporal de la plebe, muy útil cuando ésta decidía en el
senado, y muy importante cuando de ello dependía el status social. No
importaba el coste, porque ese era un control absoluto de la masa. |
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reconstrucción del interior del Coliseo |
Durante la época
republicana, los dos senadores escogidos para ejercer el cargo durante ese
año procuraban a la plebe los más grandes espectáculos que sus arcas
personales les podían ofrecer. En el año de Bíbulo y César, este
último ofreció uno de los mejores espectáculos solicitando un crédito
a su amigo Craso, con ello Julio César se procuró el amiguismo y el
apoyo del pueblo romano y el rechazo a su homólogo Bíbulo que vio como
su popularidad caía estrepitosamente, siendo declarado ese año como el
"año del gobierno de César". Así era un romano...
podía dar el poder a quién más le ofreciera. Los primeros anfiteatros eran estructuras móviles de madera formadas por dos semicírculos es decir, dos teatros de madera unidos por el centro, que separados servían para ofrecer obras de teatro pero que juntos formaban una arena para gladiadores. Pero la importancia de instaurar un edificio para estos menesteres llevó a Augusto a inagurar el primero construido en piedra, lamentablemente y debido a los incendios que asolaban Roma se perdió. Vespasiano sabía de la
necesidad de ofrecer a la ciudad más importante del imperio un lugar de
ocio digno de su estatus, por ello mandó construir el mayor anfiteatro conocido y el mas
popular en la actualidad como símbolo de Roma: El
coliseo.
Las escuelas de gladiadores se impusieron por todo el imperio, de norte a sur y de este a oeste, tanto fue así que se construyeron anfiteatros en todas las ciudades conquistadas e incluyéndose en el estilo de vida de sus habitantes. Los gladiadores aunque profesionales provenían de las clases menos favorecidas podían ser esclavos, mercenarios de guerra, e incluso ciudadanos que sin recursos optaban por esta vía para intentar ganar algo de dinero, hay que tener en cuenta que a pesar de que fueran de un estatus bajo el gladiador que por sus dotes de lucha fuera reconocido se convertía en un personaje aclamado por la masa, y por ello recibía compensaciones económicas de gran valor ofrecidas incluso por el mismo emperador, asimismo se convertían en objeto de culto y sus logros quedaban reconocidos en mosaicos y estatuas erigidas en su honor. Pocos fueron los que lograron este fin pues la gran mayoría moría en la arena, pero en numerosos mosaicos localizados en el norte de África encontramos sus nombres y sus logros, permitiéndonos tener una idea de lo que significaron. Otro de los nombres que más resuenan es el de Espartaco, efectivamente fue un gran gladiador pero no se le reconocen sus méritos por la arena del circo sino por la lucha que entabló con Roma para proclamar la libertad de los esclavos. Logró escapar y reunir a miles de personas que siguieron su causa, de hecho mantuvo en jaque a la república por sus dotes de mando y su capacidad de captación y lucha, no obstante su gesta en pro de la libertad fue aplastada por Craso, convirtiéndolo en un ídolo de la esclavitud y en un referente para los que estaban privados de la ciudadanía.
En todos los casos la
última palabra sobre la vida o la muerte de un gladiador la tenía el
emperador o el EDITOR del espectáculo que podía ser un aristócrata, no
obstante solían hacer caso a lo que demandara la plebe, ganándose sus
simpatías.
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